MURUZÁBAL

mayo 27, 2014

Muruzábal se asienta sobre el somontano del Perdón para desembocar en el río Robo. Su casco urbano encierra un sorprendente patrimonio como la parroquia de San Esteban, edificada en dos épocas, la más antigua en el siglo XIV. Guarda en su interior obras de gran riqueza: un retablo mayor romanista del XVIII con una Virgen del XVI, otro rococó con varias tallas del XVII, el sepulcro (1666) de Juan Juániz de Echalaz, obispo de Calahorra, un Crucificado gótico del XIV, un retablo gótico flamenco de escultura y pintura y la barandilla calada (siglo XVI) de la escalera de subida al coro. La puerta de acceso es de arco apuntado con arquivoltas sobre capiteles vegetales.

Embellece al pueblo la sobria fachada barroca del palacio torreado del Marqués de Zabalegui, título concedido por Carlos II el Hechizado a don Francisco Juániz de Echalaz y Oscáriz, presidente de las Reales Chancillería de Granada y Valladolid y obispo de Cartagena. Actualmente alberga una bodega.

No abandonan el pequeño pueblo peregrinos y peregrinas sin preguntar antes por uno de los hitos más emblemáticos del Camino de Santiago: la Ermita de Eunate. A pie del Camino de Santiago se sitúa, rodeada de misterio, esta singular ermita románica construida en el siglo XII, en época de Sancho el Sabio. Sus orígenes, aunque no están muy claros, están relacionados con el Temple, Orden Militar muy favorecida por este rey. Su situación dio lugar a pensar en su probable función de “linterna de muertos” o “faro”, lo que sí es segura es su función cementerial.

Tiene planta octogonal, al igual que la galería porticada que le rodea. En su eje principal se disponen, al oeste, una puerta de medio punto y, en su lado oriental, el ábside, semicircular al interior y poligonal al exterior. La cúpula es peraltada de ocho nervios de sección cuadrada al estilo musulmán.

En su eje transversal se abre, por el lado norte, otra portada principal, con decoración de animales, monstruos, cuadrúpedos y figuras humanas en su arquivolta superior.

Destaca la sobriedad del edificio de muros de sillar siendo los capiteles de las columnas los únicos motivos decorativos con figuras humanas y animales, predominando temas vegetales.

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